Algo

Hay una gotera en mi habitación. Un tic-tac líquido cuya estampa se va tallando muy lentamente, terrible y molesta pero inevitable, necesaria. Sujeta a ella, dependiente a su fastidioso continuum, me arrulla. No fue así desde el principio, sino poco a poco, a través del cristal del chronos y su vehementemente sutil empuje hacia el hábito. Tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac..

El hecho viene acompañado de una rutina místicamente convertida en ritual, buscar un balde desocupado y así colocarlo justo donde caen, tranquilas, las pequeñas formas translúcidas, en cuyas superficies rebota cierto dejo de luz artificial. Luego allí, obtener la sosegada ilusión de que algo está sucediendo realmente, algo vacío está siendo llenado. Tic-tac, tic-tac..

..

Durante una tarde lluviosa el gusto me ofrece café negro con panela y un poquito de ron, el tacto me da el calor de la taza de cerámica blanca y el de las teclas, el olfato un amargo dulce de la bebida junto a un perfume lavanda del piso, cerca, también, a un remoto y leve ácido de la ropa sucia amontonada en la bolsa de un rincón esperando el día de sol para volver a ser objeto útil. El oído, aparte del monótono tic-tac, me entrega algo parecido a Schumann, el cual la hija de mi casera intenta aprender en piano eléctrico. Y la vista, aparte del siempre delicioso humo post ebullición, no me regala mucho más que el resto en el que no vale la pena concentrarse, por ahora.

Guardando distancia de juzgar diferencias sonoras entre polifónicas pupilas posmodernas y grandes maestros muertos, los dedos en un órgano eléctrico no se escuchan igual sobre un antiguo piano de cola; aún así, el estado anímico musical del instante y sus sonidos quiméricos me llevan al movimiento del Rhin y casi a los efluvios auditivos del alucinado Schumann. La tragedia del romanticismo y una extraña pulsión que, casi en todo momento, arrastra mi pensamiento hacia la nostalgia y las miserias,  me cantan sobre la tuberculosis, la sífilis y la cólera de aquellos tiempos, como si la belleza para presentarse real, siempre y en todas las épocas, necesariamente estuviera acompañada por el horror, la enfermedad y la muerte. Pienso en las miserias actuales mientras suena una pieza de un suspiro pacientemente sostenido, algo así como “Einsame Blumen”, flores solitarias, o flores insanas, quizás.

..

Y el tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac..

 

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1 comentario

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Una respuesta a “Algo

  1. Julieta

    minimal…
    yo también tengo un tic tac

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