Cicatriz

Me gusta la plasticidad del inglés..más allá de la inherente a todos los idiomas. Éste es plástico puro, no en el mal sentido –a pesar de su estructura gramatical perezosa y un tanto pobre- sino más bien en cuanto a su nobleza, a su flexibilidad, a su maleabilidad, tanto fonéticamente como en su forma gráfica.

Por ejemplo, en alguna conversación, Zizek dice esto:

“The truly traumatic thing is that miracles –not in the religious sense but in the sense of free acts- do happen, but it’s very difficult to come to terms with them. So we should reject this idea of a poetry of failure. For Lacan, Real is not this kind of Thing-in-itself that we cannot approach; Real is, rather, freedom as radical cut in the texture of reality.”

Ah!, “freedom as radical cut in the texture of reality”…..

Escena 1:

Tres niños (dos varones y una niña) tocan el timbre en una casa cercana con puerta de acero y rejas color café cobrizo. Apenas lo hacen, salen corriendo de allí huyendo de las posibilidades de respuesta. Escapan, ríen, desaparecen. Un señor, con bigotes largos y camisa blanca, asoma su cabeza a través de la ventana, pregunta “¿quién?”, no ve a nadie, abre la puerta y mira hacia la izquierda, luego la derecha, se extraña y su rostro perplejo se percata de que, tal vez, ha sido víctima de una broma pesada o de una equivocación. Y yo, paso caminando, observando y pensado que así, así, tal cual, es la vida: el juego al percatarse de que, luego de un llamado y sin saber si es broma pesada o equivocación, a través de la ventana y la puerta no hay nadie.

Escena 2:

“Los otros siempre nos aceptan mutilados, jamás con la totalidad de nuestros vicios y virtudes” (Alejandra Pizarnik)

En un vagón del transporte público. Llega un enano borracho, un enano mutilado sin piernas ni brazos sólo con ciertos muñones muy raros, sin algunos dientes principales, con zapatos y camisa, con tufo de ebrio y rojo como un gusano ardiendo. Entra, caminando así como caminan los enanos, como infantilmente forzados de un lado a otro.Por ser de noche y tarde, L y yo estamos sentadas en las sillas especiales de otro color para discapacitados, embarazadas, ancianos, etc… (nuestro embarazo es psíquico pero eso es otro asunto). L y yo nos levantamos para cederle el puesto al enano porque algo en nuestra estructura históricopsicosocial nos enunció que ese man era un discapacitado. El mini borrachín se para frente a las dos sillas especiales y, como un porfiado, se queda así, tambaleándose por un rato y luego voltea un poco y pega la frente al tubo más próximo en un gesto de desesperanza y orfandad. Luego voltea de nuevo y le dice a un chico que está adelante “¿me subes?” o algo así, entonces el chico en reflejo vuelve su rostro y le pregunta, cara a cara, a su acompañante que cómo. “¿Cómo?”, y el amigo le responde: “lo coges por la cintura y lo levantas a la silla”. Ese cómo me produjo risa en el instante, pero luego me transporté a la carga semántica de ese cómo. La vida es un espejo con un enano mutilado al frente al cual no le preguntamos ¿cómo?, sino que ese ¿cómo? se lo preguntamos al otro. Al Otro. Y en eso, intentando auxiliar la demanda del enano mutilado y ebrio del espejo de al frente, se nos va toda la existencia.

(Y el enano perverso me decía: “qué linda eres, qué linda tu cola”…)

..

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