Abril

Son las 23:23 del 23 de Abril. El silencio es total en mi caja de cartón, guardada en ella intento dormir ya con la luz apagada, sin embargo, en menos de media hora se han escuchado tres aviones que duran aproximadamente 17 latidos del corazón (no en viajar, sino en sobrevolarme). Ojo, no son alucinaciones auditivas, lo prometo. Realmente planean en mi cielo. Me impresiona mi falta de curiosidad, ya que no es la primera vez que los oigo y no he preguntado o investigado si podrían tener alguna lógica comercial y/o terrorista. Justo casi al final de la estela me gusta pensarme adentro de ellos, pájaros rockeros, y verme mirando por la ventanilla. Es tarde por lo que no veo el océano pero veo estrellas de neón que muy bien podrían ser barcos o islas. O náufragos exhibicionistas, narcisos. Ninguna cuidad allí. Una aeromoza me interrumpe y me ofrece una infusión, leche, chocolate, café o jugo. Le acepto una infusión de menta y no le echo azúcar. Observo detenidamente en su cabeza un moño de pelo en forma de nido y ella me parece una rama de árbol curva y hermosa. Paso un vistazo por los pasajeros. Unos ríen (supongo que los que van de vacaciones a un lindo lugar o los positivistas que aplican la psicología del éxito en sus negocios. O porque les gustan sus dientes y quieren mostrarlos), otros duermen (imagino que los que se marean en las alturas, los que celebraron anoche sus despedidas o los que tienen falta de vitaminas en sus cuerpos) y otros (sobre todo una señora bastante mayor que reza su rosario) parecieran bastante asustados. Volteo de nuevo hacia la ventanilla mientras bebo. Me encanta el olor a menta, pero más aún el olor de los aviones, me huelen a una mezcla de distintos países y ciudades, tan diferentes en su encanto. El agua de menta se me acaba y tomo una hojita de la hierba y la mastico. Se siente un frescor un tanto amargo. Me la trago. Recuerdo que cuando éramos niños mi hermano quería ser heladero y yo azafata. Me gusta pensar que, de alguna forma, ambos logramos lo que tanto soñamos en nuestra infancia. Helados y aviones. ¿Qué más se le puede pedir a la vida?.

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1 comentario

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Una respuesta a “Abril

  1. Al fin!
    sin embargo … queda como resto el misterio de cómo la pequeña azafata llegó de su caja de cartón al avión en cuestión de un punto y seguido… inexplicable…

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