Plata y cobre

Estoy cerca de mi apartamento pero muy lejos por tener muchas ganas de orinar. Quiero ir al baño, subo la escalinata del centro comercial más próximo, tuerzo hacia ese recóndito lugar, entro en un compartimiento individual, cierro la puerta, coloco mi cartera en el gancho, bajo mi cremallera, me pliego y volteo para tomar papel higiénico. No hay papel higiénico. Recuerdo que alcancé a ver un dispensador de Scott en la entrada junto a la palabra Damas. Pero ya no me queda dinero, ni una moneda. Resignada, subo mi cremallera, tomo mi cartera, abro la puerta, salgo y lista para irme, miro hacia el dispensador cuyas dos aberturas son para dos monedas de distinto valor, frunzo mi ceño al observar mejor y veo una moneda plateada introducida en una de las ranuras. Busco en mi bolsillo y encuentro únicamente una moneda, color bronce o cobre, especial para la otra ranura. La inserto, giro la manilla en dirección del reloj: cae una pequeña caja azul con, aproximadamente, diez cuadros de sedoso papel sanitario con olor a talco. Miro al cachorro del empaque y leo “Te amo mucho”. Sonrío por la vida y sus, literalmente, preciosas dádivas. (me queda el resto del día para imaginar, no los distintos bolsillos y manos que anteriormente rozaron ésta moneda, sino éste último ser que la pudo haber colocado y abandonado -pesada y plateada en comparación con la dorada solitaria que yo guardaba, utilísima y anhelada en su apariencia insignificante- en una de las ranuras. El único límite que tengo para soñar a ésta persona es estar segura de su sexo femenino…. O tal vez no. Quizás fue el plomero, el bedel, un niño…)

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2 comentarios

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2 Respuestas a “Plata y cobre

  1. …las preciosas dádivas de la vida que no existen si no se comparten:
    Me encuentro en una clínica esperando mi turno
    para poder hablar de mis malestares incurables
    Miro hacia la izquierda y me encuentro con una escena:
    se encuentra un niño de 4 años, su madre
    y una enfermera que acerca al pechito un estetoscopio
    El niño pregunta a la enfermera: “¿cómo suena mi corazón?”
    La enfermera responde: “pum, pum, pum, pum…”
    Al niño le queda claro… pero no sabe que su pregunta “contrajo” mi corazón…

  2. El rito del polvo

    Tal vez esas preciosas dádivas -mínimas, ínfimas como las partículas de polvo- logren acercarse más a curar nuestros malestares incurables que las clínicas. Lo he pensado al ver lo incurable de la ciencia al desear nombrar todo.
    Te abrazo. (hace días me tomé par de vinos calientes en el mismo lugar de jazz y blues donde fuimos aquella lejana vez. Ahora todo es un poco mejor: más recursos y más amigos. Sólo hace falta tu visita.)

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