Jueves blux

Cerca de media noche. Llego a casa sumergida en un melodrama, sin saber de qué va la vida, aburrida del sin sentido, etc. Quizá todo reducido a lo orgánico, tal vez sólo carente de esas hormonas repentinas de alguna felicidad inexplicable.

Abro, entro, cierro, intento prender el bombillo de la sala y en el acto suena una especie de cortocircuito y se quema. Ya no prende. De qué va la vida, entonces me siento y recuesto en la penumbra, frente a la mesa enanamente japonesa, los libros inclinados con sus volúmenes circunspectos cercanos el uno al otro, las mujeres de Man Ray fotografiadas y fragmentadas en la pared cuya extensión está tomada por tenues e inciertas sombras que se asoman desde algún inconsistente farol externo. A mi derecha está conectada la aspiradora Electrolux indicando, con un penetrante haz de luz azul eléctrico en óvalo, que está cargada, que ya puedo continuar mi proceso preventivo contra ácaros intergalácticos. En ese instante soy parte de los objetos azulados cuyo punto de fuga es la aspiradora. Soy sólo un relieve más de contornos supersónicamente iluminados. En aquella opacidad, intuyo cada cosa en mi ceguera parcial. Velas aromáticas, un par de botellas de vino, una lámpara estudiosa y arqueada, una lata de galletas chocochips dibujada con un gato negro sentado junto a una puerta de madera y mirando a quien lo mira, una pequeña cesta tejida llena bolígrafos y marcadores, tres cobijas guindadas secándose –que intentan decir en sus formas fantasmagóricas- y mi cuerpo, envuelto en mi disfraz de ejecutiva caminante, sobre la superficie de éste laberinto helado, flotando sobre éste río nocturno. Un silencio ensordecedor me hace sentir conservándome adentro de un refrigerador de espejismos. Así estoy, descentrada y periférica, más de sesenta minutos paseando mi mirada entre todos esos rincones y centímetros cúbicos en algún vacío de la ciudad. A través de toda esa inanimación que no me pertenece sino a la cual pertenezco. Me gusta pertenecer. Y aún no se de qué va la vida, pero ya bañada y con mucho sueño me levanto para irme a dormir, refrigeradamente blues.

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Archivado bajo monotema, monotonía, Uncategorized

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