Algún lunes de septiembre

¿Cuando remember y septiembre rimen

debo rimarlos para una traducción de café?

(…)¿Me recordarás Tatania mientras me adhiero

a esas marcas y cicatrices

que se desvanecen de tu mente?

 

(Identidades, en Morada al Sur. Aurelio Arturo)

Lunes. La cuestión fue así. Nadie me consigue, ahora menos que nunca. Así que pasé toda la tarde viendo celulares y jugando con ellos. Metiéndome en el wifi de celulares costosísimos que no iba a poder comprar. También tomaba fotos con otros ceclulares de cámaras de 3 a 6 megapíxeles, que tampoco iba a poder comprar. Y grababa videos con celulares Mp4 que tampoco iba a poder comprar. Antes que cerraran una de las tiendas, decidí comprarme el más barato y sencillo, que sólo tiene radio FM. Sólo necesito un aparato temporal con el cual poder ser un poco más localizable. Y no necesitaba la radio pero éste la traía. Y traía también manos libres, paradójicamente objeto cableado que me ofrece especie de libertad corporal, al menos en mis manos. Luego estaba yo antes de acostarme sintonizando emisoras colombianas y bogotanas. Me detuve en una donde entrevistaban a una poeta de Cartagena que me cayó muy bien, llamada Nena Cantillo. No la he leído, ahora quisiera leerla. Reía yo de su humor costeño y sus respuestas me parecían inteligentes. Contaba ella sentirse una poeta un poco paria por ser mujer y provenir de un barrio marginal, además de escribir sólo por placer, sin pensar en quién la leería y sin tomárselo demasiado en serio, ‘sin levitar todo el día, como algunos poetas y escritores’. En una de las pausas informativas un par de locutores dieron espacio para los mensajes de otros. La pregunta pública era qué estaban leyendo algunos participantes del programa u otros autores. Entre los que nombraron estaba mi amigo A. y dijeron “..está leyendo todo Paul Auster, empezando por El libro de las ilusiones” y mencionaron algo de su relación con la película sobre el cine mudo, The Artist. Allí sentí un poco mi presencia H, tácitamente, por haberle regalado ese libro al él mostrarme la película, y por querer  volver a bailar algún día con él antes de irme de Colombia. En ese momento le cuento a través de un mensaje de texto y él cita a Auster, “sería un retrato en ausencia, un perfil trazado alrededor de un espacio vacío, y poco a poco del fondo iría surgiendo una figura, formada por todo lo que no era”. Y respondo que tal vez ese sea el poder de las figuras, ser lo que no son, asumiendo también el poder del baile. Pensé entonces en la belleza, en los conceptos de belleza y recordé aquella librería en la Habana, donde se conseguían ejemplares muy buenos pero costosísimos. Era la librería más cara y los precios estaban en dólares. Casi el resto de librerías allá factura en pesos cubanos y siempre demasiado bajos. Pero ésta no. Sino en dólares y muchos. Así que casi todas las tardes yo iba y leía un rato. Atendían dos personas, un señor muy amable y otro chico con dreadlocks bastante antipático. Hasta que no lo saludé más y el último día me dijo muy groseramente que yo llegaba a imponerle mi presencia sin comprar nada. Así que copié una última cita del libro donde varios autores disertan sobre la belleza. Ésta fue de Nietzsche, “Soñadora. ¿Dónde está la belleza?. Allí donde uno tiene que querer con toda fuerza de voluntad, allí donde uno quiere amar y perecer, para que tal imagen deje de ser nada más que imagen. Amar y perecer, desde todas las eternidades, lo uno está ligado a lo otro”.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo anacrónica, instante, nomadismo, otros, Uncategorized, viaje

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s