Hábitat

.

(Los más verticales anhelan lo imposible del ensueño. Los horizontales únicamente le dan cabida a lo posible de la acción.

Él, oblicuo, me dice “eres mi imposible posible y mi posible imposible”.

Por eso hacemos el amor. El intento de asir-nos repetidamente,  pero el sexo no es suficiente, es sólo un denso y huidizo encuentro; cierto despertar luego de un sueño nocturno. Algo que no existe.)

-Desaparece la electricidad y prendo una vela que dibuja mis sombras-.

No quiero llamar fuego a ese difuso trazo de luz que calcina el centro; un centro erigido hacia la trascendencia muerta, hacia el resto, el vacío o la nada: el ser. Así, tras la hoguera del hilo negro, se entiende lo que no se comprende: el azul que bordea la llama, el azul bajo un mínimo pedazo del sol, descendiendo y derritiendo el cuerpo de cera, caliente en su piel, antes de solidificarse en sus gotas, las formas de su memoria seca, prolongándose hasta su fin intermitente.

Sólo falta la espera, tal vez la paciencia.

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Archivado bajo burbuja, instante, tiempo, Uncategorized

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