Jack

Pasa rodando P. junto al mar en un autobús vacío o lleno de gente, o un taxi, eso no importa. El aroma y horizonte perdido de la costa, ola tras ola, se sucede a un lado mientras él avanza en línea recta a través del malecón salado. Las lágrimas, solas, comienzan a brotar de sus ojos y me manda un texto:

–          “Cuando paso frente al mar me pongo a llorar”.

–          “Qué belleza!, más lágrimas para el mar, como si las necesitara..”. Le respondo.

–          “A veces pienso que mi mamá está en el fondo abisal. Es un pez mínimo, tal vez dorado, con una sonrisa imparable como la de Jack Nickolson.”

No sé qué tendrá Jack Nickolson pero yo también lo he visto en la sonrisa de mi padre.

Un día, durante algún encierro hikikomori, soñé con él. Había escrito el sueño, como solía hacer cada día. Lo busqué.

“Lunes 14 de Abril del año..

“Soñé una situación muy rara, similar a alguna fotografía de un perro azabache sobre un suelo muy rojizo que tomé en alguna cascada de la Gran Sabana, una fecha lejana, al comienzo de este milenio. Era una especie de lago llano; habían canoas sobre un oleaje suave donde negras macizas enrollaban sus faldas y entraban a la orilla para degollar a perros o una especie de zorros. El agua era turbia y bermeja, quizá también debido a la sangre pues extraían algunos órganos de aquellos animales (tripas como morcillas) y los cocinaban para un plato muy especial. Innumerables canes oscuros, con colmillos afilados, algunos tipo mestizos callejeros, otros más tipo zorros, iban y venían sobre la llanura de la playa, mientras aquellas negras, con pañoletas envueltas en sus cabezas y la altivez africana en sus gestos, los mataban y preparaban para vender. Había un tipo conmigo o ¿nosotros? En el auto: un ¿tío?, no sé, un señor que era igual a Jack Nicholson, con la misma expresión de picardía y malicia en su mirada y sonrisa. Al final mi ¿amigo? “Jack” se comió su ración de tripas o de vísceras caninas aprovechando que pasamos por ese pueblo extraño; para él era un plato exquisito y conocido, recuerdo estar observándolo al degustar, pero yo no comí, creo.

(Cuando intento recordar los sueños me aproximo a un no-lugar de mi cerebro, creo que ubicado a mi lado izquierdo, donde lentamente, al buscarlas, van surgiendo las imágenes nocturnas y poco a poco, si continúo, devengo en una sensación de desdoblamiento: mi cuerpo está acá, pero algo de mí, ¿o alguien?, se ha retirado, allá, más lejos, en la im-posibilidad del ser: el lugar onírico. )”

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1 comentario

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Una respuesta a “Jack

  1. Julieta

    el lugar onírico, inefable, lleno de jeroglíficos que pretenden llegar algún día a ser decifrados en palabras… la mayoría se quedan en el camino…

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